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Historia de la Poesía Hispana

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GaviotasFray Luis de León

Fray Luis de LeónNació en Belmonte (Cuenca) en 1527 probablemente, o quizá en 1528 como aseguran algunos investigadores, en una familia con antepasados judíos. Hacía 1542 llega a Salamanca e ingresa en la orden de san Agustín en la que profesa al poco tiempo. Obtiene la licenciatura de teología (1551) y marcha a estudiar hebreo a Alcalá de Henares (1556). Desde 1561 fue catedrático en la universidad salmantina. Por varias causas (rivalidad entre las órdenes religiosas, diferencias personales, haber traducido al castellano el Cantar de los cantares contra las prohibiciones de Trento, etc.) lo encarcelaron en Vallladolid durante casi cinco años (1572-1576). Salió absuelto y regresó a su actividad docente en Salamanca. El primer día de clase cuenta la tradición que comenzó con las palabras: " Decíamos ayer...". De 1582 a 1584 se vio implicado en un segundo proceso. Fue elegido provincial de los Agustinos en 1591, año en que muere en Madrigal de las Altas Torres (Avila).

Características de su obra
* La producción literaria de Fray Luis es de un perfecto intelectual español del Renacimiento. Como tal, el agustino exhibe en sus obras conocimientos profundos de la Biblia, una fuerte formación teológica cristiana, un dominio absoluto de la filología y la retórica, hondo saber humanístico y gran amor por las lenguas clásicas y romances, en especial la italiana y la española.
* La contradicción entre las aspiraciones y las realidades en la vida del profesor salmantino, aparece como motivo capital en buen número de sus escritos, y concretamente en algunas de sus poesías originales. El anhelo constante de fray Luis por alcanzar una vida de paz y armonía, no se logró por causa de su carácter apasionado e impetuoso que lo empujaba a querellas sin fin. Esta incoherencia vital resuena una y otra vez en sus composiciones.
* Rasgo principal de la prosa y la poesía luisianas es su perfecta forma lingüística, ya que el autor ponía un cuidado exquisito en todo lo que escribía. Tanto en latín como en castellano buscó siempre la mayor calidad literaria, seleccionando cada uno los vocablos " para que no solamente digan con claridad lo que se pretende decir, sino también con armonía y dulzura". Fue fray Luis gran apologista de la lengua española a la que consideraba apta para expresar cualquier género de materias, siempre que se empleara con esmero y elegancia.

Obras
En prosa latina numerosos trabajos teolóicos y exegéticos. Por ejemplo: In cantica canticorum explanatio ("Explicación del Cantar de los cantares").
   En prosa castellana destacan cuatro títulos: la Exposición del Cantar de los cantares, la perfecta casada , la Exposición del libro de Job, y su mejor obra de este grupo: De los nombres de Cristo, conjunto de diálogos de estilo renacentista que versan sobre las denominaciones que recibe Cristo en la Biblia.
   Traducciones en verso de las Sagradas Escrituras, y de poetas grecolatinos. Sobresalen por su fidelidad las recreaciones de Virgilio y Horacio. Son perfectas también las versiones de los poemas bíblicos.
   Un reducido número de poemas originales en castellano. La mayor parte escritos en liras y todos de gran calidad artística y profundo contenido. Entre los mejores se encuentra la Profecía del Tajo, La vida retirada, las odas de Felipe Ruiz, la noche serena, A Salinas, y En la Ascensión.

Poesía
La vida retirada, escrita por fray Luis antes de su prisión, es una de las odas más bellas y perfectas del autor. Su fuente literaria se encuentra en el horaciano "Beatus ille". Esto motivo existía también en Garcilaso, único autor del entorno poético de su siglo que atraía al agustino y de quien tomó la lira. El elogio de la vida campestre quizás sea literal, pero asimismo (R. Senabre) una interpretación alegórica como anhelante búsqueda y camino escondido hacia la fusión con Dios.


Canción a la vida solitaria

¡Qué descansada vida
 la del que huye del mundanal ruïdo,
 y sigue la escondida
 senda, por donde han ido
 los pocos sabios que en el mundo han sido; 5

Que no le enturbia el pecho
 de los soberbios grandes el estado,
 ni del dorado techo
 se admira, fabricado
 del sabio Moro, en jaspes sustentado! 10

No cura si la fama
 canta con voz su nombre pregonera,
 ni cura si encarama
 la lengua lisonjera
 lo que condena la verdad sincera. 15

¿Qué presta a mi contento
 si soy del vano dedo señalado;
 si, en busca deste viento,
 ando desalentado
 con ansias vivas, con mortal cuidado? 20

¡Oh monte, oh fuente, oh río,!
 ¡Oh secreto seguro, deleitoso!
 Roto casi el navío,
 a vuestro almo reposo
 huyo de aqueste mar tempestuoso. 25

Un no rompido sueño,
 un día puro, alegre, libre quiero;
 no quiero ver el ceño
 vanamente severo
 de a quien la sangre ensalza o el dinero. 30

Despiértenme las aves
 con su cantar sabroso no aprendido;
 no los cuidados graves
 de que es siempre seguido
 el que al ajeno arbitrio está atenido. 35

Vivir quiero conmigo,
 gozar quiero del bien que debo al cielo,
 a solas, sin testigo,
 libre de amor, de celo,
 de odio, de esperanzas, de recelo. 40



Del monte en la ladera,
 por mi mano plantado tengo un huerto,]
 que con la primavera
 de bella flor cubierto
 ya muestra en esperanza el fruto cierto.] 45

Y como codiciosa
 por ver y acrecentar su hermosura,
 desde la cumbre airosa
 una fontana pura
 hasta llegar corriendo se apresura. 50

Y luego, sosegada,
 el paso entre los árboles torciendo,
 el suelo de pasada
 de verdura vistiendo
 y con diversas flores va esparciendo.55

El aire del huerto orea
 y ofrece mil olores al sentido;
 los árboles menea
 con un manso ruïdo
 que del oro y del cetro pone olvido. 60

Téngase su tesoro
 los que de un falso leño se confían;
 no es mío ver el lloro
 de los que desconfían
 cuando el cierzo y el ábrego porfían.65

La combatida antena
 cruje, y en ciega noche el claro día
 se torna, al cielo suena
 confusa vocería,
 y la mar enriquecen a porfía. 70

A mí una pobrecilla
 mesa de amable paz bien abastada
 me basta, y la vajilla,
 de fino oro labrada
 sea de quien la mar no teme airada.75

Y mientras miserable-
 mente se están los otros abrazando
 con sed insacïable
 del peligroso mando,
 tendido yo a la sombra esté cantando.

A la sombra tendido,
 de hiedra y lauro eterno coronado,
 puesto el atento oído
 al son dulce, acordado,
 del plectro sabiamente meneado. 85






  
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